Diario de Viaje – Descubriendo Pueblo Escondido y Cerro Aspero

Diario de Viaje – Descubriendo Pueblo Escondido y Cerro Aspero

Su nombre por sí solo ya despierta la curiosidad de cualquier viajero. Un Pueblo Escondido, es promesa de aventuras, historias y leyendas. Tuve oportunidad de conocerlo junto a mis alumnos de la carrera de Turismo hace un tiempo atrás, aunque tenía referencias hacía mucho tiempo atrás, pasaron unos años hasta que encontré la ocasión para visitar el Pueblo Escondido. Partimos muy tempranito una mañana primaveral en la Defender de Gabriel, bien acomodados y con todos los bultos en el techo. Pasamos por Amboy, el Arroyo Corto y empalmamos el camino consolidado que cruza a Merlo. El estado del camino no nos permitía avanzar muy rápido. El paisaje va cambiando poco a poco dando protagonismo a los pastizales de altura y mucha piedra. Se pasa por la entrada al pequeño pueblito de Lutti, el paraje de Rodeo de Las Yeguas y luego la entrada a Los Vallecitos. Un poco más y se llega al camino de ingreso al Cerro Áspero que queda hacia la izquierda. Hasta aquí se puede llegar normalmente en cualquier vehículo. Luego sólo se puede continuar en 4×4, moto, mountain bike o caminando, claro que para las dos primeras alternativas tampoco es muy sencillo y es justamente por ello que este camino se convirtió en un paraíso para los amantes del off road. Son aproximadamente 6 kilómetros de un camino tortuoso que requiere de la pericia del conductor y la resistencia del vehículo para sortear los obstáculos que se presentan tramo a tramo. No es recomendable hacer esta travesía para conductores inexpertos y sobre todo que vayan solos. Tras recorrer aproximadamente la mitad de este camino apareció hacia el frente una importante quebrada y en el fondo el “Pueblo Escondido”. La elección del nombre fue muy acertada. La vista es imperdible. Las antiguas construcciones en forma escalonada de un campamento minero, abandonadas hace varias décadas dan en la actualidad el aspecto de un pueblo fantasma, que deja entrever en sus entrañas el paso del tiempo y el olvido. Pero el panorama va mucho más allá. Un pedregoso río transcurre con paciencia y otras veces no tanto por el fondo de la quebrada. Al frente se distingue claramente el zigzagueante camino conocido como el caracol que trepa como serpiente por el Cerro Áspero. Pensar que antiguos camiones sin la tecnología y seguridad de los de ahora se aventuraban por estos vertiginosos caminos para extraer el mineral de las entrañas de la montaña.  Siguiendo por el camino bajamos  con precaución y una vez en el fondo de la quebrada aparecieron restos de algunas construcciones de casas y otras dependencias. Sólo nos quedaba cruzar el río pedregoso que normalmente no trae demasiada agua salvo después de alguna lluvia. Los restos de lo que fuera en su momento un vado hecho con cemento atestiguan lo feroz que pueden llegar a ser las crecientes de estos ríos serranos. Ya del otro lado ingresamos directamente al campamento minero.

Al llegar, Lucho fue el encargado de darnos la bienvenida. Es el único cristiano que habita en forma permanente este lugar. Además es el cheff encargado de preparar las ricas pastas caseras que se acompañan con  salsa bolognesa o al pesto precedidas eso sí por unas ricas empanadas. El menú se completó con unos deliciosos panqueques con dulce de leche.

De más está decir que la curiosidad por conocer y recorrer las instalaciones del viejo campamento fueron en aumento. Sólo una pequeña parte de todas las construcciones se reciclaron hace unos años para recibir a los turistas que quisieran pasar el día o quedarse a dormir. Para esto se adecuó un salón para utilizarlo como comedor, algunas habitaciones con camas y cuchetas y un par de baños. El paso del tiempo se hace sentir en cada rincón. Un precario y movedizo puente colgante comunica este sector con el de las barracas donde se alojaban los trabajadores y algunas otras dependencias como la panadería. Remontamos un arroyo que llega por el norte y tras una corta pero pedregosa travesía llegamos hasta una respetable hoya alimentada por una pequeña cascadita.

Regresando al sector principal visitamos lo que fuera en otros tiempos la sala de máquinas, hoy convertida en el museo de Da Vinci. Luego comenzamos la trepada por el camino de caracol que trepa en  zigzag por el cerro Áspero. Lentamente ganamos altura dejando a de paso algunas de las torres que formaban parte del tendido del cablecarril. Un poco más arriba llegamos a la mina superior. De allí se extrajo desde principios de 1900 el mineral de wólfram o tungsteno, muy utilizado por la dureza y resistencia que se lograba con su uso en ciertas aleaciones. Ingleses, Italianos y Alemanes se radicaron en este lugar para su explotación, construyendo instalaciones  y comodidades para el personal extraordinarias para la época como ser la provisión de energía eléctrica e instalaciones sanitarias de primer nivel. El sistema de túneles de la mina de Cerro Áspero no utilizaba empalamientos de los mismos, por lo cual se deben extremar las medidas de seguridad al internarse en ellos.

Al día siguiente emprendimos el regreso pero por un camino diferente. Un sendero de montaña nos condujo a unas ruinas de unos ranchos hechos íntegramente con lajas. Un poquito más adelante se cruza una pirca de excelente trabajo y que se pierde en el horizonte. El camino se hizo a partir de allí mucho más suave y llevadero hasta llegar a una cascada de aproximadamente de 25 metros y una gran hoya que invita a bañarse conocida como Cascada del Tigre donde aprovechamos el salto para hacer una práctica de rappel. Otro sendero nos llevó por último al puesto de Tono Albornoz, donde nos esperaba Gabriel con la camioneta para regresar a Belgrano. Dos jornadas espléndidas con hermosas vistas e interesantes historias que invitan a volver y seguir descubriendo este oculto paraje de nuestras sierras.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Tamara Royan

    quiero saber costos de este trekking

  2. perezweb

    muchas gracias! Saludos. Diego

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