Diario de viaje – Explorando San Miguel de los Ríos

Diario de viaje – Explorando San Miguel de los Ríos

Promediando el verano, junto a mi esposa e hijas decidimos pasar una noche de campamento. En dónde? en San Miguel de los Ríos, lugar que recorrimos en varias oportunidades pero sólo de paso. El clima se presentaba ideal para disfrutar del agua y pasar una noche apacible. San Miguel de los Ríos fue uno de los puestos que perteneció a la Estancia de San Ignacio de los Ejercicios a mediados del siglo XVIII. Luego se convirtió en una gran propiedad que llegaba hasta el Champaquí. Por mucho tiempo no pasó de ser apenas un paraje con algún caserío y corrales para los animales que aquí pastaban. Recién a fines de 1800, la huella de mulas se convierte en un camino hecho con pico y pala que llegaba desde Atos Pampa. En los últimos años la zona se fue poblando con casas de fin de semana y algún que otro emprendimiento turístico, pero el precario estado de los caminos y la falta de servicios básicos frenan el crecimiento. Aproximadamente a 1.100 metros sobre el nivel del mar, el paisaje se alterna entre lomadas tapizadas con pastizales y bosques principalmente de pinos, surcadas por pequeños arroyos y dos ríos, el Tabaquillos y el San Miguel, que se unen en el lugar conocido como la juntura de los ríos naciendo allí el Río Santa Rosa. Instalados en uno de los campings a orillas del Río Tabaquillos, durante el primer día disfrutamos de las cálidas aguas en los piletones naturales con sectores profundos que permiten nadar o aprovechar para hacer un divertido paseo en kayak. No pude con mi genio y enseguida comencé a indagar sobre posibles lugares para hacer una caminata. Al final del día ya tenía armado un posible itinerario. Al día siguiente, el canto de los zorzales me despierta apenas se insinuaron los primeros rayos de sol. Sin dudarlo, salí de la carpa sigilosamente, agarrando a mi paso la mochila, linterna y cámara de fotos. Tomé un sendero río arriba pasando por el nuevo vado, que actualmente brinda un paso seguro del río. De repente, un fuerte kuaaacc, rompió el silencio, en la arboleda del frente un grupo numeroso de garzas brujas parecían querer hechizar el paisaje. Viene a mi memoria una conocida casa de té que había en la zona y se llamaba Die Hexe (La Bruja) Continúo la marcha por un sendero que gana altura siempre con el río al costado. Hasta aquí caminamos al atardecer del día anterior con mi familia, la vista es bellísima, el reflejo de la luna en el agua, los bosques de pinos, el agradable perfume de unas flores blancas conocidas como tabaco del campo y una brisa suave hicieron pensar a mi hija menor de tan solo 7 años que este es el lugar ideal para pasar una luna de miel. De aquí en adelante tenía todo por descubrir. Primero fue encontrar el Cerro Puntudo, una empinada huella, aparentemente utilizada para poner a prueba las 4×4  me llevó hasta su cima. El sol comenzaba a asomar desde las lomas más altas del este. Un extraño canto retumbó en una quebrada próxima, y hasta allí fui a develar su origen. A poco de andar percibo un movimiento, cauteloso me acerco y para mi sorpresa identifico a dos chuñas patas coloradas o reales que huyen en veloz carrera ante mi presencia. Trato de seguirlas en busca de una foto, pero son veloces y me cuesta alcanzarlas. Sin proponérmelo me encuentro dentro de una pequeña quebrada donde un esqueleto vacuno llama mi atención. Recordando los datos recabados el día anterior sobre unos huesos desparramados cercanos a las entradas a las minas de wólfram, agudizo mi atención en busca de las mismas. Pronto encuentro la primera de las bocas de la mina, inmediatamente saco la linterna e ingreso por un túnel  en buen estado que me lleva hasta el fondo a unos diez metros. Partes del techo tienen una coloración verde fluor muy llamativa. No estoy sólo, en el techo descubro un par de vampiros comunes, muy feos y que además son hematófagos, bbrrrrr!!! Por encima de este túnel encuentro el segundo de forma ojival. Cuando quiero ingresar una especie de temblor me detiene. En realidad se trata de vampiros que sienten mi presencia y se inquietan, al igual que yo. Medito y decido ingresar pero a poco de andar un fuerte olor me hace cambiar de opinión, dejaré para otra oportunidad la exploración de este túnel de más de setenta metros de largo. Desando mis pasos hasta un acacio negro que tenía como referencia y busco un nuevo rumbo que me llevarán a un bosque de nogales cargados de frutos que esperan el otoño para madurar. Un tupido zarzamoral me aporta un rico aperitivo pero impide mi paso, por lo cual debo retroceder. Siguiendo algunas pistas llego hasta La Hoya, un lindo lugar para descansar y tomar unos mates. Desde aquí una antigua pirca marca el camino que debo seguir. Trepo una suave colina y encuentro un sendero bien marcado que me llevará finalmente hasta las Tres Cascadas sobre el río, una zona ideal para zambullirse y tomar unos hidromasajes. Pero la hora pasa y tengo que regresar a tiempo al campamento para hacer el asado. El último tramo de la caminata la realizo en medio de un tupido bosque de robles en cuya propiedad se encuentra también la Hostería San Miguel y el exclusivo restaurante gourmet La Mora. Feliz por los nuevos descubrimientos, después de tres horas de caminata, regreso junto a mi familia que me esperan para seguir disfrutando de un maravilloso día.

IMG_6533 IMG_6480 IMG_6385 Vampiro común Desmodus rotundus San Miguel de los Rios 26 ene 2012 02 Sombra del Cerro Puntudo Río Tabaquillos Las Tres Cascadas Río Tabaquillos  Carpinteros Campestres

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