Diario de Viaje – Huellas del presente y del pasado en las Sierras de los Comechingones

Diario de Viaje – Huellas del presente y del pasado en las Sierras de los Comechingones

Desde hace varios años, a principios de febrero recibo el llamado de Raúl, originalmente un cliente y ahora un amigo de andanzas, para organizar nuestra próxima aventura. Tenía en mente varios destinos, La Quebrada del Tabaquillos, Los Gigantes o el Cerro Áspero, pero había uno que encabezaba la lista, el Cerro Blanco. Hace mucho tiempo que me atraía la idea de explorar esta zona. Testimonios de viejos pobladores, algunos datos sueltos, un mapa y muchas incógnitas auguraban una buena salida de trekking y finalmente hacia allí partimos. Un lunes tempranito Raúl me busca en su camioneta y tomamos rumbo a Yacanto, de pasada por Santa Rosa se suma Tincho, que haciendo sus primeras experiencias como guía se entusiasma con la idea de conocer un nuevo lugar. Desde Yacanto continuamos por el camino al Cerro Los Linderos. Pasando el paraje Los Corrales hacemos nuestra primera parada para bajar hacia las Cascadas del Río Durazno y de uno de sus afluentes. Una corta caminata nos lleva a un balcón natural donde podemos disfrutar de una magnífica panorámica y divisamos una serie de continuadas cascaditas que bajan un centenar de metros dejando a su paso un cristalino sonido que inunda el lugar. Son apenas las 10 de la mañana pero el calor ya se hace notar en nuestros rostros. Volvemos a la camioneta y continuamos es ascenso por el zigzagueante camino. De pasada podemos ver los antiguos corrales y casitas de paja y barro que pertenecían a Doña Chabela y un poco después la imponente Quebrada del Río Tabaquillos donde nos sorprende el vuelo de un cóndor. Un cartel nos anuncia que estamos a 2340 msnm en el Puesto Tres Arboles, uno de los puntos de partida para ir caminando hasta la base del Champaqui y desde allí hacer cumbre. Pero nuestro destino es otro y continuamos hasta Bifurcación y justamente en este punto tomamos un camino alternativo abandonando el que se usa para llegar al Cerro Los Linderos. La huella se torna difícil aunque con la camioneta logramos avanzar unos 1000 metros más. Allí decidimos dejar el vehículo y continuar a pié. La huella está en mal estado y la lluvia reciente lo convierte en zona pantanosa y de segura trampa para los audaces que se atrevan a internarse en sus vehículos todo terreno, que sí frecuentan el lugar pero en las épocas más secas. Cargamos nuestras mochilas y comenzamos la caminata. Un fuerte zumbido que proviene del tendido de Alta Tensión que viene del Cerro Pelado y se dirige a Mendoza nos hizo reflexionar sobre la envergadura de la obra, son 500 kilovatios de potencia que zumban sobre nuestras cabezas. Tomamos dirección sur tratando de no perder la huella que por ahora está muy marcada. Pronto comenzarían las sorpresas, primero una zona con notables evidencias de haber sido hozadas probablemente por un jabalí, algo que parece extraño pero si se tiene en cuenta que no muy lejos existe un coto de caza privado de donde pueden escaparse algunos de estos animales, la presunción puede ser cierta. Buscamos huellas y encontramos unas parecidas, pero pueden confundirse con las de una vaquillona joven, ya que no se notan los típicos picachos que deja el chancho. No terminamos de debatir el asunto cuando el grito de un aguilucho joven atrae nuestra atención. Nos regala un vuelo cercano con un vuelo rasante por una pequeña laguna que cruzamos de paso. Las cámaras se alinean para conseguir la mejor toma, luego concursaremos por la mejor fotografía con Tincho.  La caminata y la charla son amenas, el camino no presenta mayores dificultades y algunas nubes nos protegen del fuerte sol. Estamos caminando muy cerca del filo de las sierras, a más de 2600 msnm. Una sucesión de pequeñas lomadas y pampitas de altura se pierden en el horizonte. En un momento distingo al costado del camino escombros producto de una antigua actividad minera, es el residuo típico de las minas de mica y cuarzo. Luego distingo una boca de ingreso a la mina y entusiasmo a mis compañeros para explorarla. En el apuro olvido mi linterna, que me haría falta ya que el túnel es más profundo de lo esperado, pero mi Nokia 1100 me saca de apuros con su pequeña linterna. Sigo andando y descubro varios caminos y niveles. Se pone interesante el asunto! Las paredes son sólidas y no se distingue peligro para seguir. Los viejos mineros hacían un verdadero trabajo artesanal, encontraban una veta de mica y la seguían hacia donde fuera, creando con el tiempo una red de túneles que suben y bajan y se entrecruzan, como un laberinto tridimensional.  Llegamos al fondo y regresamos a la luz. Continuamos el camino cruzando algunos pequeños arroyos y nuevamente nos sorprende un nuevo hallazgo.

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